Es viernes por la tarde. Momento para dejar limpia la conciencia, para quien tenga conciencia. Para mí es momento de salir a la calle a emborracharse, o a la cantina, o a pasear sobre una nube. Disfrutar del olor a gasolina, los aullidos en las fábricas, música, cigarros y rock and more.
Es hora de estrenar otro cigarro, sentarse un rato a ver qué pasa: a esperar la noche. Definitivamente me gusta más la noche del viernes que la tarde del viernes. Sí, a esperar la noche con otro y otro cigarro. A esperar la noche.
Haber si llega, porque la semana pasada me dejó plantado.
(¿Dónde habré dejado mis pastillitas de la felicidad que tanto me recomendó el señor de la tortillería?)
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