NOTA PREGONERA.

Este espacio no pretende otra gloria que la de forjarse como un discurso en bruto para demostrar que seguimos siendo una mera fantasía. Hasta el momento todo ha sido un rotundo fracaso, pero seguiremos informando, hasta que se acaben los cigarrillos.

e hënë, 25 qershor 2007

Caprichos.

El viernes alguien olvidó un cidí en la biblioteca. Lo dejó en la mesita junto al anaquel de la letra "J", envuelto en una bolsa de la comercial. Fui con el bibliotecario a entregerlo por si alguien lo reclamaba, pero al colocarlo en el mostrador la bolsa se volvió transparente y se asomó la carátula. Tchaikovsky, capriccio italien; y Rimsky-Korsakov, capriccio espagnol. Los dos leímos la carátula al mismo tiempo y nos quedamos mirando uno al otro por unos segundos. Yo no había querido verlo para evitar la tentación, pero ya que el destino siempre es necio, empecé a maquilar alternativas. El bibliotecario estiró su mano para recibir, de manos de la honestidad, el paquete olvidado. Finalmente le sonreí y le dije: "Ah, ya sé a quién se le olvidó. Es de un amigo que pasó a saludarme a la mesa. No se preocupe, yo se lo entrego". El bibliotecario también me sonrió y dijo: "Su amigo es mi vecino. Mejor yo se lo entrego". Pero ya me había dado la vuelta.
Sé que no me creyó, pero tampoco se trataba de convencerlo.
Al final me gritó, no muy fuerte: "Rata". Y yo le aventé caracolitos con las manos.

Y es obvio entonces el porqué ya no voy a la biblioteca. Ahora me quedo en casa, leyendo un poco, imaginando cíclopes, tomando café y escuchando a Tchaikovsky y Korsakov, una y otra vez. Los bibliotecarios me producen ahora una vaga sencación de amargura. Y los rusos me siguen sugiriendo las más sublimes escenas de una película futurista.

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Queda poco tiempo para arrepentirnos...