Otra mascota más (y compañía). Tetis, la abeja indomable, parece ser la reina entre sus acompañantes. Ha sido frecuente el terror sembrado aquí en el trabajo porque al parecer le agrada el encino que está justamente a la entrada. Precisamente hoy escuché su eléctrico zumbido cuando salí a fumar un cigarro y saludar a Sálix. Tetis no venía sola, por supuesto: traía a su prole. Y cuando esto ocurre, Salíx huye despavorida porque sabe que su corazón no es tan audaz como para quedarse a contemplar.
Salíx y yo estamos planeando seriamente encontrar la manera de amaestrarlas para convertirlas en trapecistas y equilibristas de balancines en un circo que vague por el mundo. Juntos, como una linda familia.
Ya me lo imagino: Salíx presumiendo su habilidad con el látigo; unas abejas columpiándose y otras al monociclo. O cualquier otra cosa posible, mientras yo pueda ser el único tragasables que pueda actuar y fumar a la vez.
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