Muy bien, muy bien. ¡Basta! Que nadie se mueva; dejar el aire donde está, quietos los cabellos y aguda la oreja. Aquí quien hace las preguntas es sálix, y sálix no está. Nadie se irá, nadie escapará hasta que se sepa dónde, quién o quiénes, tienen a sálix, la ardilla siete veces ardilla. Lleva tres días desaparecida y no dejó ni una nota, ni un mensaje. Esto me sabe a pesadilla.
Mentiría si digo que no he dormido, pero me ha costado trabajo conciliar el sueño por las noches, he dormido mal y amanecido peor.
Si mañana no aparece la ardilla, le haré una canción; o si no encuentro el güiro o mis maracas, al menos le dedicaré unas palabras sobrias. A su bebedero le está saliendo lama, y al fresno no le gusta desperdiciar su sombra.
Si mañana regresa, con mayor razón le haré una canción, prepararé banquete para un ejército, sacrificaré a la secretaria del jefe, me tomaré el día, fornicaré como dieciseisañero, hasta con el aire, me daré un pasonsote de mariguana, me bañaré por fin, me lavaré los dientes aunque tenga que comprar el cepillo y la pasta, tal vez renuncie en el trabajo, y tal vez nunca más vuelva a trabajar.
¿Y si hago todo eso hoy, como una oración a las deidades preferidas, para que regresen a mis ojos la imagen de la ardilla que me han robado?
Puede que funcione.
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