Zorba el grifo, nuestro único corresponsal en el mundo para El periodiquito del barrio (Chismes frescos del dominio público), ha mandado urgentes señales de humo con información clasificada, no oficial, pero que podría cambiar la historia de la historia en adelante.
Según nuestro atrevido relator, se ha suscitado una controversia en un pequeño poblado de este pequeño planeta, debido a que se corren versiones historiográficas donde afirman que Bernal Díaz del Castillo, excelso y ameno comentarista de litigios territoriales e ideológicos pretéritos, “ingería abundantes cantidades de peyote, a lo largo de la conquista, mientras leía El Quijote y padroteaba una casa de citas (de cal y canto, eso sí) con treinta y cinco agradables señoritas de tez igual a su tierra”. Además el documento sospecha “que tenía una finca peyotera de cinco leguas cerca del rumbo hacia Querétaro, donde explotaba, a escondidas, los indios que robaba de Hernán Cortéz, para exportar la carguita a sus socios comerciales de Tlaxcala, donde estaba la base de operaciones de aquél y su capitán contra los aztecas”.
El documento que fundamenta lo anterior fue hallado en un deplorable baño de damitas ubicado en el segundo piso de una afamada escuela secundaria al sureste de la ciudad de México, donde el corresponsal tuvo que hacer una forzada escala debido a que el baño de los niños estaba cerrado. El contenido del papel pertenece a la novena respuesta del examen final de tercer grado en la materia de Historia de México. Lo que sugiere la teoría –apoyada por el corresponsal– acerca del circulo de profesores pertenecientes a una orden secreta que han heredado conocimientos peligrosos, de generación en generación a través del verso oral, y que no quieren compartir con el público por temor a ser consagrados; ni aportar a la educación de este país, a la que buena falta le hace otra revolución estéril.
La noticia no ha sido hasta el momento confirmada por alguna agencia noticiosa de dinero, pero tampoco desmentida. Y no esperaremos tanto, más que nada por respeto a los derechos elementales que posee todo individuo a ser informado, con absoluta libertad, de cualquier chisme que le haga cosquillas.
Así mismo se informa que el documento ya se halla en el archivo de la honorable redacción del Periodiquito, con huellas de grasa y restos de salsa de aguacate, pero disponible para consultas de los entretenidos estudios antropológicos que vengan.
Nota: Por temor a represalias o secuestros extraterrestres, el nombre de la escuela, el de la alumna y el de su profesor (que tomó la respuesta como buena), no serán revelados por el momento.
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