Hay una mujer-venada bañandose a la orilla de mi corazón
que me presagia y me esculpe con sus manos, se come las uñas
y me ofrece un pasaporte al paraíso
que le prometió desnuda la elocuencia.
Un mal no necesario al que me dirijo
en línea recta, de bajada, y sin frenos.
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