Mi vida son ocho fantasías.
Ellos saben datos disparatados
que yo no recuerdo haberles compartido.
Saben cuantos focos hay en la casa,
cuantos cuartos tengo, cuantos baños con regadera funcionan,
saben si mi calle está pavimentada
o si tengo microondas.
Ellos saben lo que tengo y lo que no.
En consecuencia,
ellos saben cuánto quitarme y qué venderme,
en consecuencia,
me tienen, entre todos, con las manos en el cuello.
Pero no saben que los sábados bailo cumbias en la cocina,
que siempre sueño con mi cactus
y mi guitarra tocándose sola su primera melodía.
No conocen ni mi cueva, ni su ruta favorita,
ni saben que puedo desaparecer entre un truco de humo
con decir tan solo mi conjuro haciendo un poco de comedia.
Aunque ellos ya sabrán, para aclaración o reto,
encontrarme en la cantina que acostumbro
y a la que nunca podrán entrar:
en primera porque no están invitados,
y en segunda porque no son bienvenidos.
Abonohu te:
Posto komente (Atom)
Nuk ka komente:
Posto një koment