NOTA PREGONERA.

Este espacio no pretende otra gloria que la de forjarse como un discurso en bruto para demostrar que seguimos siendo una mera fantasía. Hasta el momento todo ha sido un rotundo fracaso, pero seguiremos informando, hasta que se acaben los cigarrillos.

e hënë, 28 maj 2007

Las seis de la mañana en punto (pero del lunes)

Abrí muy despacito un ojo primero; luego el otro. No sólo lo soñé, mi temor era cierto: estoy crudo, o ebrio todavía. Volví a tomar, pues. Volví a fumar -dicen que Sabines dijo: "tomar sin fumar, imposible"; yo escuche decir a don Esteban: "es como coger sin besar"-. Recuerdo que nos partieron la madre; recuerdo que nos corrieron de la fiesta, y después no recuerdo nada.

De nada sirvieron las plegarias por enderezar mi camino. En realidad ni siquiera recé, pero estoy seguro que de nada hubiera servido. Esta vida de músico consagrado, o trovador de alcantarilla sin una pizca de fama ni conciencia, no me está llevando a nada bueno.

La dignidad la había perdido en una de las primeras borracheras; la vergüenza no está en mi diccionario (suponiendo que tengo diccionario); el pudor se me quitó frente al espejo; la moral -como dice José Agustín- es un árbol que da moras.

Total, dinero no llevaba, nunca llevo. Ya no queda nada por perder. Tengo una cruda de esas que ya no se quitan, fume como apache, me puse una borrachera de las que pocos -y en realidad muy pocos- pueden presumir, pueden soportar y, después, presumir de haber soportado.

Entonces si creo sentirme tan mal, no sé porqué frente al espejo tengo una sonrisa tremenda, de labios cerrados y ojos reverberantes que denotan la culminación de un exhaustivo intento por clasificar una nueva especie: o soy un templo consagrado al cinismo, o en realidad soy el personaje más feliz de un cuento que no se ha escrito.

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Queda poco tiempo para arrepentirnos...